Origen y desarrollo de la Fundación

Busto del Fundador, José Gómez Pardo. 
José Gragera - 1880
 

La historia de la Fundación Gómez Pardo está inequívocamente ligada a su fundador, Don José Gómez Pardo Enseniat, ilustre industrial madrileño (1803-1873), platero con establecimiento propio en la calle Ciudad Rodrigo, casi esquina a la Calle Mayor.

Fue hermano de Don Lorenzo Gómez Pardo, ingeniero de minas y farmacéutico, primer profesor de metalurgia y docimasia en la, por entonces, recién trasladada Escuela de Minas de Madrid.

Falleció Don Lorenzo a temprana edad (1847) y en su memoria y siguiendo su deseo, Don José constituyó un legado testamentario, por el que se dejaba a su fallecimiento (1873) a la Escuela de Minas la cantidad de 125.000 pesetas, así como los libros, colecciones de minerales e instrumentos de uso de Don Lorenzo. El entonces director de la Escuela, Don Anselmo Sánchez Tirado, una vez tomada posesión de la cantidad y de los objetos, reunió a la Junta de Escuela aprobándose el Reglamento por el que había de regirse la Fundación.

Ese mismo año ya se convocaron dos premios, y en 1876 comenzaron a realizarse los primeros ensayos de minerales.

En el año 1884 se compró un terreno para la construcción de laboratorios. El entonces Director de la Escuela de Minas y Patrono de la Fundación, Don Luis de Escosura decidió la adquisición de un solar en la calle de Ríos Rosas, junto al terreno destinado a la construcción de la nueva Escuela de Minas. En este solar, el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, que había proyectado la Escuela de Minas, construyó un edificio de laboratorios con la misma estética, hoy desaparecido. En el año 1889 ya se pudieron comenzar los ensayos en este nuevo edificio.

En el año 1969, el entonces Director de la Escuela y Patrono de la Fundación, Don Juan José Miraved, decidió revitalizar esta última y darle un impulso decisivo, de modo que se convirtiera en un importante auxiliar de la Escuela en una triple función: Por una parte formar a ingenieros y doctores; por otra, realizar trabajos de investigación y asegurar la formación permanente de los titulados, y por último cumplir con la máxima amplitud los fines del legado, es decir, la concesión de premios y la realización de análisis de minerales españoles.

En colaboración con una empresa constructora se levantó el edificio que hasta hoy es actual sede de la Fundación y se reservó el espacio en varios de los pisos del edificio necesario para alojar las 115 habitaciones que hoy conforman la Residencia Universitaria.

A partir de 1990 la Fundación, junto con la Escuela de Madrid, hace una apuesta por la energía. Se constituyen en su seno un moderno Laboratorio de Combustibles y Petroquímica con apoyo de las empresas petroleras, y se crean, con su participación, la Fundación para Estudios sobre la Energía y la Fundación Instituto Petrofísico.

Se promueve la construcción en Getafe de un Centro Tecnológico, en el que colaboran el Ayuntamiento de Getafe, la Comunidad de Madrid y la Universidad Politécnica de Madrid. La Fundación se expande y traslada sus laboratorios, se dota de equipos modernos y amplía su actividad.

A partir de 2008 se aprovechan espacios liberados para la instalación del importantísimo legado artístico del ingeniero Félix Cañada.